Los cocineros de 27 establecimientos hosteleros sorprenden a los clientes con talento e imaginación en el concurso De Tapas por Sanabria
El concurso De Tapas por Sanabria, organizado por la Asociación Zamorana de Empresarios de Hostelería, además de vestir las barras de bares y restaurantes ha animado al público a practicar el tapeo por toda la geografía comarcal, sin pereza para desplazarse a cualquiera de los pueblos que se suman al certamen. Buena parte de los degustadores son vecinos de la comarca, pero las altas temperaturas de este fin de semana y la presencia de público en las playas y la llegada de los primeros veraneantes ha abierto el abanico de clientes entre los 27 establecimientos para elegir.
Anta de Rioconejos es uno de los pueblos que amplía las ofertas gastronómica y geográfica de De Tapas. La hostelera Charo Sáez Martino, que participa por primera vez, ha hecho honor a su interés por la micología y ha elaborado “Lajas de jamón y bacon sobre tartaleta de boletus”. Charo Saez reconoce que “lo mío son las setas, y ¡qué mejor que recién recogidas!”. Para desgustar su propuesta no han faltado clientes de veraneo procedentes de Chile, Villarejo o Puebla. Una pareja de madrileños, Sara Aliendre y Luis Miguel Colmero, son viajeros de paso que han recalado estos días en Sanabria para visitar el entorno del Lago y la Villa. Los jóvenes se han encontrado con el concurso y no han perdido la oportunidad de participar en la degustación porque “cuando se organizó en Madrid, ese fin de semana, no estábamos. Ahora tenemos la oportunidad de poder participar”.
La restauradora Inés Alonso, de San Martín de Castañeda, se decanta por presentar una tapa que “sea representativa de la gastronomía del restaurante” con su “Timbal de chichas”. En su restaurante se ha notado la presencia de parejas y grupos de amigos de la comarca, que no son clientes habituales pero que se embarcan estos días en visitar varios puntos.
Otro de los establecimientos que se suma a la lista de minigastronomía está en Pedrazales. Beatriz Rodríguez y Miguel Ángel Pradillo sorprenden con “Sinfonía de la posada” combinan una selección de productos de la zona representativos con morcilla de matanza, boletus, huevos de corral, patatas y un producto que merece todo el reconocimiento, las nueces de la tierra. El paladar la sinfonía se convierte en contraste de sabores. Al toque culinario hay que sumar una presentación esmerada.
El dulce es la especialidad para la hostelera Silvia Fernández Galera, de Puebla de Sanabria, de ahí que haya propuesto su “Delicia de ternera” a base de carrillada de ternera sanabresa, salsa de chocolate, ralladura de zanahoria y ciruelas pasas. Una propuesta que ha contado con la aceptación del público en lo que se convierte en su primera experiencia en el concurso para la casa.
ARACELI SAAVEDRA





Cuentan las crónicas figuradas que el correo del rey volaba por el Camino Real desde Sevilla. Tras varias semanas de viaje al galope el mensajero ponía pie a tierra en la ermita de Remesal. Solo le aguardaban unas pocas leguas para avistar el alfoz de la Puebla de Sanabria y el señorío. El jinete atajó por las tierras del proclamado como soberano de Castilla, de Toledo, de León, de Galicia de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaén, del Algarbe. Semanas llevaba sobre la montura, sin descansar, desde que partió de Sevilla casi entrado abril. En las posadas saltaba de un caballo a otro, sin entretenerse más que cambiar las alforjas repletas para el camino que iban mermando. Solo las horas de la oscuridad le permitían alojarse en el mejor jergón de paja de las hospederías. Los distintivos reales le 
La villa vivía sin noticias de su Rey desde el último Consejo Real del Sabio. Tras la guerra los nobles seguían reclamando tributos al pueblo sin compasión. El mensajero cayó al suelo fruto de su agotamiento. Necesitaba un respiro y un poco de agua para recobrar el porte real de un representante enviado del señor de los señores. Esperó sentado en un rebollo, la llegada de los campesinos que venían de las tierras que cogían esplendor con la incipiente cosecha. Asustados aquellos hombres y mujeres temieron una nueva guerra que arrasaría sus pocas cosechas del año. El mensajero les tranquilizó. Quería solo refrescarse y asearse para comparecer ante el Gobernador de la Villa. Le llevaron en volandas a una cocina. El agua del caldero estaba siembre caliente, en la trébede sobre la lumbre. Le prepararon una palangana y unos paños de lino para componerse. Las mujeres y los hombres salieron de la estancia al corral sin alejar del todo la preocupación.

